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Pensamiento, filosofía, reflexión, poesía, emoción. Alma y espíritu.

 

Me considero una fuente de escritos más que una escritora, y una narradora de historias. La musa me sorprende siempre mientras hago cualquier cosa. No me siento a escribir normalmente; no me enfrento a un papel en blanco, como he visto que les ocurre en algunas películas a algunos protagonistas que se dedican a esto. A mí me pasa al revés, la mayoría de las veces la inspiración me pilla «en bragas» y tengo que coger corriendo el teléfono en el que, por lo común, escribo. De día o de noche, andando o conduciendo el coche. A veces es tanto que me agota.

 

«Eres poeta», me dice una amiga que parece que sabe de esto. Solo sé que el texto me sale así, de principio a fin. Muchas veces completo. A veces como poesía, siempre con un ritmo al que, poco a poco, reconozco.

 

Me ha costado mucho tiempo conectarme con esa fuente de la que todo emerge. De la que brotan las palabras, una detrás de otra.

 

Por norma, no tengo ni idea de lo que está por venir, simplemente algo me toca y… ¡voilà!, ahí está el texto, a veces pequeño, siempre gigante, pero generalmente corto. Muchas veces necesita poco retoque, viene ya hecho. Solo tengo que esperar y escuchar al silencio. Y vienen relatos perfectos. Yo misma me asombro.

 

Todo esto surge en mi vida después de un gran desbloqueo a nivel inconsciente. Y de mucho trabajo consciente en numerosas áreas de mi existencia. De haber estado perdida, de no encontrar quién era. A pesar de la facilidad de la que ahora disfruto con la escritura, he sufrido mucho y he enfrentado cantidad de desatinos, pero una cosa es cierta, nunca me he rendido. Algo sabía quién era. He vivido un gran viaje durante muchos años hasta que conseguí reconectarme en el fondo. De tanto excavar, he encontrado oro. A pesar de que no lo creía, siempre confié en mí misma, era un extraño recuerdo. Siempre he contado con ayuda, interna y externa. Ahora me escucho y me siento y, por fin, ya no estoy herida. Me he sanado porque algo siempre ha tirado de mí hacia adelante. Yo le llamo «mi alma salvaje».